De la responsabilidad individual al esfuerzo grupal

De la responsabilidad individual al esfuerzo grupal

 

¿Cómo sumar estilos distintos a favor de maximizar el desempeño común?

Todo proceso dentro de una organización está bajo la responsabilidad de una persona. ¿Quién nos lidera? ¿Quién gestiona nuestras agendas? ¿Quién hace los contratos? ¿Quién se encarga de pagarnos? ¿Quién dejó mi escritorio limpio cuando llego en la mañana?

Si las personas son quiénes tienen la responsabilidad de distintas funciones de la organización y en conjunto estamos en grupos de profesiones especialistas puesta a favor del mismo objetivo, ¿por qué no se hace más esfuerzo por conocer y comprender a cada uno de los seres humanos detrás de cada cargo, sus características específicas y cómo su “Estilo” aporta en el rol que le corresponde?

Este interés en conocer los aportes de cada miembro de una organización no deben tenerlo sólo los Gerentes Generales o aquellos que jerárquicamente se encuentran en la cúspide de la pirámide, al menos no de la forma cliché que suele estilarse en manifiestos o discursos tipo “conocer a las personas”. Para poder trabajar en un equipo debo entender primero cómo “yo aporto” y luego cómo puedo complementar mi gestión con las habilidades o posibilidades de las personas que se sientan a mi lado o en el área contigua (en mi ecosistema), omitiendo niveles organizacionales y más bien yendo a la esencia de las personas.

Cuando vamos a lo esencial de las “Relaciones Laborales”, entendemos que cada quién fuera del nombre del cargo que ocupa tiene una personalidad propia que se ajusta o no a una cultura determinada y que esas particularidades hacen el día a día de la organización.

En el mundo de la consultoría, a veces encontramos casos donde existe una dinámica tóxica en equipos que tienen estructurada a la perfección su gestión, pero que aun así perciben que hay algo que no está funcionando.

¿Qué hacer?

La posibilidad de un diagnóstico de las personas desde un panorama objetivo podría ayudarnos a comprender con mayor precisión esos distintos estilos que están conviviendo en esa gestión y su dinámica particular en términos de interacciones que podrían estar transformándose en procesos disfuncionales cuando se pueden tomar en cuenta como complementariedades.

Antes de enviar a las personas a cursos de trabajo en equipo y a campos de entretenimiento para hacer actividades grupales (que de seguro son muy buenas para generar vínculos cercanos), es relevante que los equipos se conozcan de forma más objetiva, utilizando herramientas o metodologías válidas para levantar esta información y ponerla a favor del desarrollo de las personas y de la optimización del aporte de valor de cada individuo en su equipo.

Conocer la dinámica de los estilos profesionales de un equipo de trabajo trae consigo productividad y vínculos humanos más tolerables, se transparentan las fortalezas de las personas y se legitima el aporte de cada quién en aras de un beneficio común: Tener resultados exitosos juntos.

En conclusión, cada persona, con su estilo y su personalidad particular, sus talentos y motivaciones, sin importar el cargo que ocupe; está generando un impacto en la organización, la responsabilidad queda entonces en descubrir su potencial e integrarlo al equipo de manera que muestre sus competencias, sea reconocido por ello y logre un resultado que le favorezca en su desarrollo profesional y al mismo tiempo beneficie a la organización en el alcance de sus objetivos.

Escrito por: Lesly Marquina, Consultor Senior Desarrollo del Talento – Ricardo Velasco Company.

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